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Hay chicos que viven y se educan en colegios en entornos country, amasados con los mismos ingredientes. Aprenden inglés desde los 3 años, hacen mucho deporte, y no salen casi de los límites de su territorio. Ahora, una generación country sale al ruedo, y genera preguntas.
"Tenés que venir un día, Mariana, y tenés que traer a tus chicos, para que vean lo que es la realidad, porque si no los criamos como en una burbuja", invita Antonia, de "Las Damas de los Altos", damas caritativas. Se lo hace decir la escritora Claudia Piñeiro, una countrista en la vida real, en su novela "Las viudas de los jueves". La frase encierra una preocupación.
Para quien vive en un country, estos colegios son una solución. "No es que quieras una uniformidad, pero hay una base común", dice Gaby D., habitante de un country de Pilar. Ella se crió en Bahía Blanca, donde hizo la primaria en un colegio estatal. De la escuela de sus hijos no se queja. "Es bilingüe, tiene intercambio con colegios de Inglaterra, creo... Es un tema menos. Cuando trabajás, te da una uniformidad de horario. Que no vivan en un raviol es una iniciativa de cada familia", dice.
¿Qué ofrecen estos colegios? De mínima, y desde el primer día, doble escolaridad e inglés. También mucho deporte, artes como música y drama. Algunos ofrecen títulos internacionales como el IB, un diploma de bachillerato internacional aceptado por universidades extranjeras. "Como si hiciera falta importar la calidad educativa. Como si el título nacional per se no alcanzara como señal de calidad", reflexiona Cecilia Veleda, coordinadora del Programa Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) y autora del trabajo "Efectos segregatorios de la oferta educativa".
Guillermina Tiramonti, directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), opina: "En los countries aparece como versión extrema la tendencia a socializar a los chicos y jóvenes en espacios cerrados, homogéneos socialmente".
Con esa facilidad para inventar imágenes que le resultó en su aclamada película "Cara de queso", un ex countrista, Ariel Winograd, tira la frase: "Cuando yo iba de chico, tenía más que ver con lo recreativo. La casa del country era de fin de semana. Me parece que ahora el concepto es tipo combo de McDonalds: seguridad más educación elitista. Habrá que ver cómo les pega ese modelo a los pibes. Por ahí a los 17, 18 años se retoban."
Claudia Piñeiro, originaria de Burzaco, retrató como nadie antes la atmósfera country. En su ficción, la escuela es Lakelands. En su realidad, sus hijos de 13, 11 y 8 años estudian en ese entorno. Está contenta con la escuela de sus hijos, con el nivel académico, pero eso no le impide hacer observaciones: "Si querés que tu hijo no vaya a doble turno, es difícil conseguir; que no sean bilingües, casi que tampoco. Y los chicos a los cuales esto les cuesta mucho están condenados al fracaso. Es muy difícil que les respeten su diferencia".
A.B., una profesora de inglés que pide reserva de su nombre, confirma esto: "Tuve alumnos de 15 años que habían pasado por seis colegios. En parte también tiene que ver con las mudanzas de los padres".
Hay quienes piensan en la homogeneidad de la población como una falencia. Dice Piñeiro: "A los padres que nos parece que antes de llegar a la universidad deben encontrarse con la heterogeneidad, tenemos que propiciarles esos encuentros".
Entre las estrategias rompe-burbujas la más común es la de enviar a los chicos a hacer algún taller en Capital, en colectivo, para que no vayan a quedarse con la idea de que el transfer es un transporte público.
Eso, de parte de los padres. Pero hay colegios que al reconocer este punto crítico desarrollan programas ad hoc.
En "Las viudas..." Piñeiro plantea que el ingreso al country "produce cierto mágico olvido del pasado". Eso, en los grandes. La educación country busca otra cosa. La investigadora Carla del Cueto tiene una hipótesis: no se busca en las instituciones sólo formación académica, sino "acumulación de capital social, la ampliación de relaciones con otros padres provenientes de sectores más acomodados". Contactos.
EL SWORN COLLEGE DEL BARRIO SANTA ANA
Una escuela de un barrio cerrado, vista por dentro
A pocos metros de la barrera y del personal de seguridad del barrio cerrado Santa Ana, aparecen las instalaciones del Sworn College S.A. Con huertas a la vista, la pintura fresca indica que se está preparando para recibir a los 300 alumnos, desde sala de 2. El año que viene egresará la primera generación de educados en ese ámbito.
Los alumnos no son todos de ese barrio: "El Santa Ana comunica con San Diego, que a su vez comunica con Banco Provincia. Los chicos de estos barrios vienen internamente, en bicicletas, motitos, carritos de golf. No tienen que tocar la calle para venir y también hay alumnos de barrios vecinos", explica Stella Toquero, directora general del colegio.
Por definición bilingüe, mixto y laico, este colegio ubicado en Francisco Alvarez, en Moreno, tiene como una suerte de auditor externo a la Universidad de Cambridge. "Lo que se vende, y es real, es la enseñanza personalizada, con dedicación a los chicos con necesidades especiales, lo que puede ser una dislexia, un síndrome de desatención, un nivel intelectual superior a la media. Hay adaptaciones curriculares para ellos, por eso no queremos que sean más de dos por grado".
En este contexto, dice la directora, "ellos ganan un montón de cosas: tienen cero estrés, una mayor independencia —que es pseudo, porque están dentro de un perímetro— y al interactuar ellos también en el country no existe esa rivalidad entre distintos cursos que hay en otros colegios, aunque sí hay alguna 'rivalidad' entre countries. Los chicos son muy tranquilos y tienen un alto rendimiento deportivo: hay alumnos casi profesionales en golf, fútbol, tenis..."
En la misión de la institución, se habla de formar chicos "creativos, solidarios, informados (...) capaces de contribuir a crear un país mejor y más pacífico". Toquero agrega: "Lo decimos porque creemos que tienen que crecer sabiendo que hay personas que necesitan y que ellos tienen 'exceso de' y, por otra parte, esta vida de country es como una vida de burbuja. Solidarizarse no pasa sólo por el dar, sino por ponerse en el lugar del otro".
Un grupo de madres comenzó a trabajar por una escuela chaqueña, donde estudian chicos toba. Cuenta la directora que formaron el grupo UniendoMundos? (www.uniendomundos.com.ar) y consiguieron "que llevaran electricidad y agua, que no tenían".
—¿Los chicos de la escuela viajaron a Chaco?
—Viajaron las mamás el año pasado, a los chicos no los vamos a llevar por ahora porque hay problemas de chagas. Sí tuvieron contacto epistolar y el año pasado les enviaron libros de cuentos. Una mamá trabajo un video para que los conociéramos y vimos una pobreza increíble. Para los chicos fue durísimo.
Colegios "a medida"
Carla del Cueto, investigadora de la Universidad Nacional de General Sarmiento, está a punto de publicar un libro, tesis de su Maestría en Sociología de la Cultura: "Los únicos privilegiados: estrategias educativas de familias residentes en countries y barrios cerrados". Despliega una tipología de los colegios en "entorno country", donde por la educación de un nene de primer grado se puede pagar, como algo normal, 500 pesos, y de secundaria, cerca de mil.
Colegios tradicionales: el modelo de la excelencia. "Le dan mucha importancia al rendimiento académico, deportivo, artístico. Tienen prestigio y nombre propio, con antigüedad. Ser alumno forma parte de la tradición familiar. Otorgan títulos internacionales. Promueven también actividades de trabajo solidario y la autodisciplina. El modelo es estímulo-respuesta: el niño 'funciona' o 'no funciona'".
Colegios recientes: el modelo vincular. "Privilegian el vínculo entre los estudiantes y el trabajo grupal. Una de las 'máximas' que los guía es que el niño es permeable al conocimiento en la medida que esta feliz en la escuela. Con los padres son más de 'puertas abiertas'. ".
Colegios recientes: el modelo mercantil. "Un ejemplo: al instalarse , uno de ellos ofreció a las primeras camadas una cuota de 200 pesos por toda la vida escolar, y creció mucho. En estos colegios lo académico y vincular está mucho más desdibujado". Los que eligen este "consumo de la imitación" son el "medio pelo", cita Carla del Cueto a Arturo Jauretche, que vive "la apariencia de la apariencia".
Sin tener la respuesta, Guillermina Tiramonti, directora de FLACSO, se pregunta qué impacto tiene esto en la construcción del lazo social.
"¿Cómo serán esos chicos que se preparan en algunos casos para ser dirigencia en el futuro cuando no conocen mucho cómo son los otros, cuando sabemos que la socialización en edad temprana es decisiva para el futuro?".
Ese es, en este tema, el gran interrogante.
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